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UN ÓLEO RELIGIOSO DE FERNANDO LEAL AUDIRAC
Por Magali Tercero
 
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FERNANDO LEAL AUDIRAC
Retrato de Monseñor Diego Monroy / óleo sobre lino / 210 x 130 cm. / 2005
 
El 18 de enero pasado esta cronista asistió a un asombroso acontecimiento editorial. Por ello y por la prisa de contar los hechos, anhelado lector, séame perdonado hoy todo pecado de escritura, palabra y obra, es decir anglicismos, galicismos, cacofonías, “queísmos” y desaliños diversos del ejercicio periodístico. Pero a lo que te truje Chencha. La presentación de un libro de arte en Casa Lamm (México, D.F.), de eso trata esta columna, causó en esta guía dos reacciones: 1) admiración de las cosas humanas; y 2) perplejidad ante el espectáculo artístico-religioso-político del Tercer Milenio presenciado en una sala de conferencias transfigurada ora en púlpito laico, ora en altar de la amistad y escenario de formas sociales caídas en desuso, ora en teatro de vanidades donde, hay que decirlo, desfilaron también el talento artístico y editorial, la vocación evangelizadora, el amor al Padre con mayúsculas y al padre con minúsculas (el muralista Fernando Leal fallecido en los 40), el Vaticano y sus papas, el Quijote (“Sancho: nos hemos topado con la Iglesia”), el retrato al fresco que Fernando Leal Audirac hizo, según relató, al papa Juan Pablo II, los vínculos entre religión y arte, la sombra luciferina del mercado del arte y otros sucesos no menos increíbles que son el pan de esta tímida relación de hechos.

Antes de continuar, sin embargo, es justo aclarar que todo esto ocurrió en medio de brevísimos instantes de éxtasis acompañados por la intuición de que sobrevendrán más revelaciones sobre los usos de convivencia en la esfera pública relacionados con el arte y el clero. También, querido lector, fue posible observar algunos respingos (míos claro está) ante dichos como manos sacerdotales debido a que esta columnista reaccionó ante el recuerdo de cierto colegio religioso muy bien relacionado con las altas esferas terrenales. Tanto que, citando a César Vallejo, “el tranquilo narrador quiere llorar pues se nota que revive nítidamente el pasado y tiene que callar un instante para no demostrar en la voz que está sollozando en el alma”.

 
 
 
FERNANDO LEAL AUDIRAC y MONSEÑOR MONROY flanqueando el retrato.
Fotografía: Héctor Bustamante, 2005
 
Virgen de Guadalupe: nuestro líder natural
¿Que qué fue lo qué pasó? Pues que el pintor mexicano Fernando Leal Audirac (1958), residente en Milán, y la editorial El Equilibrista, en presencia de su director Diego García Elío, presentaron de manera heterodoxa el libro El retrato de Monseñor Diego Monroy Ponce. Un óleo de Fernando Leal Audirac. Quizá no fue lo planeado, pero la ocasión social a que dio lugar el pequeño volumen, pulcramente editado por el escritor Gabriel Bernal Granados, fue también la prefiguración de la elocuencia -dicho esto sin ironía alguna- de Monseñor Monroy Ponce. Entre otras cosas, palabras más palabras menos, el Rector y Vicario General Episcopal de Guadalupe, y autor de un libro sobre Juan Diego, dijo lo siguiente: “El mundo tiene puestos sus ojos en México gracias a la Virgen de Guadalupe pues su proyección histórica en Occidente es innegable. El acontecimiento guadalupano –vivido por nosotros, no racionalizado– es un ejemplo de evangelización. El ayate de Juan Diego es el acta de nacimiento de México y por eso la Virgen de Guadalupe es nuestro líder natural, nuestra forjadora. Nos ha acompañado en el momento en que nacimos, de dos grandes razas con sus luces y sus sombras, como una raza nueva. Somos la raza cósmica dijo Vasconcelos, y yo soy consciente de mi responsabilidad histórica de volver a nuestros orígenes, a nuestra cultura, de compartir con el mundo el mensaje de la Virgen de Guadalupe, tan nuevo hoy como hace 500 años. Un mensaje de unión, de comunión. […] Este retrato de Fernando Leal Audirac es un retrato del Tercer Milenio porque integra de otra manera la antigua normatividad pictórica”, dijo el sacerdote en alusión a la conferencia del filósofo y crítico de arte Jorge Juanes que acabábamos de escuchar (publicada en Laberinto el 24 de diciembre pasado).

Juan Diego: ¿Símbolo o realidad?
El libro contiene textos del investigador Jaime Cuadriello, el misionero Fidel González Fernández, los ya mencionados GBG y JJ, además de un poema de Ana González Matute e imágenes de la obra y fotografías de Monseñor Monroy con el pintor. Su tema es el retrato de quien actualmente es el primer Rector de la Basílica de Guadalupe, en cuya Capilla del Cerrito se encuentran los murales sobre Juan Diego y la Virgen de Guadalupe realizados por Fernando Leal padre en los 40 y restaurados hace dos años luego de 15 de solicitar un dictamen sobre su estado al INBA. Pero pasemos a Leal Audirac, quien advirtió al auditorio que no deben herirse los sentimientos religiosos de un pueblo, y añadamos entre paréntesis que, con algunas inexactitudes que aquí corregimos, la enciclopedia electrónica Wikipedia informa que “en México pueden resultar irrelevantes las discusiones sobre la existencia o no existencia de las apariciones de la Virgen de Guadalupe y si existió o no San Juan Diego pues un predecesor de Monseñor Monroy, el Abad de la Basílica de Guadalupe Monseñor Guillermo Schulenburg, renunció en 1996 a su cargo después de 33 años de ejercicio, a causa de las declaraciones que hizo a la revista dirigida por el poeta Javier Sicilia, Ixtus: ´[Juan Diego] es un símbolo, no una realidad. Esa beatificación es un reconocimiento de culto, no es un reconocimiento de la existencia física y real del personaje, por lo mismo no es propiamente una beatificación´” (al respecto vale la pena consultar el artículo de Luis González de Alba en amer.humanists.net/virgen, sitio de la Asociación Mexicana Ética Racionalista).

El árbol de la vida
Como el espacio se acaba cuento rapidito que Leal Audirac narró a la audiencia la historia del óleo realizado para agradecer la restauración de los murales guadalupanos de Fernando Leal padre: “El alma de este retrato es el abrazo y la gratitud. Como mexicano, como guadalupano y como hijo del artista pedí que se restauraran los murales. Desde el punto de vista teológico la Virgen es la entidad más importante después de la Trinidad, la Emperatriz de las Américas por la cual el papa Juan Pablo II besó tierras extrañas del continente americano por primera vez. […] México comparte 3000 kilómetros de frontera con el país protestante más grande del mundo. […] Monseñor restauró la obra pero no se quedó ahí, sino que hace cuatro años, un siete de octubre, aniversario de la Batalla de Lepanto –se dice que la Virgen de Guadalupe impidió que las fuerzas cristianas fuesen vencidas–, un siete de octubre decía, día en que se cumplían 40 años de la muerte de Fernando Leal, reinauguró los frescos guadalupanos”.

Y hasta aquí llegó esta guía que se despide contando una impresión más: la muy personal de que Monseñor Monroy se ve genuinamente interesado en el arte (y esto no es una ironía). Esto lo digo no de oídas sino de vistas porque en octubre pasado fui a una boda oficiada por él: la de Carlos Soteno, talentoso hijo de Tiburcio Soteno, artesano de Metepec y hacedor extraordinario de árboles de la vida a quien conocí en Londres durante una feria donde Turismo dio un pequeñísimo espacio a dicha expresión de las artes populares. Durante aquella fiesta Monseñor Monroy, quien ha ampliado sustancialmente la colección de arte del Museo de la Basílica, se entusiasmó mucho con la obra de estos artesanos, sobre la cual contaré otro día, y adquirió una pieza de factura delicada. Pero volviendo al tema central diré que todo esto me hace recordar el homenaje de Francis Bacon a Velázquez con Inocencio X, así como el libro sobre FB donde Gilles Deleuze parafrasea a Paul Klee: “La tarea de la pintura se define como el intento de hacer visibles fuerzas que no lo son”. ¿Puede aplicarse esta idea a un cuadro al que se ha dedicado un libro entero?

 
FICHA LIBRO.
El retrato de Monseñor Diego Monroy. Un óleo de Fernando Leal Audirac.
Textos de Gabriel Bernal Granados, Jaime Cuadriello, Fidel González Fernández, Ana Rosa González Matute y Jorge Juanes.
Edición Basílica de Guadalupe. A.R. y DGE Equilibrista.
 
 
CRÉDITOS.
 
Publicado en el suplemento Laberinto de Milenio Diario (México, febrero 4 de 2006)
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