ARTEVEN.COM Arte Contemporáneo | MAGALI TERCERO: Crónica de Arte / México
textos sobre arte contemporáneo: crónica de arte, entrevistas, crónica urbana
+ MAGALI TERCERO +
regresar
 
[ Magali Tercero en ARTEVEN.COM ]
 
 
 
SPENCER TUNICK EN EL ZÓCALO: "MI OBRA ES LO OPUESTO A LA MUERTE"
Por Magali Tercero
 
Düsseldorf, 2006
SPENCER TUNICK: Düsseldorf, 2006 (Cortesía I-20 Gallery, Nueva York)
 

“A veces me siento como un criminal, a veces me siento como un explorador”, ha dicho Spencer Tunick, artista neoyorkino de desnudos multitudinarios en todas las ciudades del mundo. Hoy le toca al turno a México, D.F., y el domingo 6 de mayo de 2007 se calcula que unos 10 mil fans posarán para su cámara en el centro político, social y religioso de la República Mexicana: el Zócalo de la Ciudad de México. Aunque las malas lenguas dicen que la fotografía se hará muy lejos del Zócalo, en el Espacio Escultórico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). ¿Piensan despistar a la prensa? Tal parece porque personas como Melisa Larios, estudiante mexicana, ya recibió su aviso confirmando el Espacio... como sede del asunto, en el sur del DF. Por lo pronto Magali Tercero decidió rescatar varios fragmentos de un texto suyo publicado en 2005 en la revista Día Siete de El Universal sobre este controvertido artista.

 
 
 
Caracas, 2006
SPENCER TUNICK: Caracas, 2006 (Cortesía I-20 Gallery, Nueva York)
 

I. LOS DESVESTIDOS DE LA TIERRA
“A veces me siento como un criminal, a veces me siento como un explorador”, ha dicho Spencer Tunick, artista neoyorkino que está causando sensación con sus desnudos multitudinarios en todas las ciudades del mundo. Desde 1992 ha fotografiado a 40 mil personas que lo siguen felices y con fe manifiesta por donde se le ocurra andar. Él se define como creador de instalaciones vivas dentro de la corriente del land art o arte del paisaje, y como ocurre con los artistas de los nuevos medios presenta, en el mismo paquete, performance, videos y fotografías documentales. Su propuesta estética se considera revolucionaria pero también ha sido calificada como un mero fenómeno mediático. Lo que sí es, definitivamente, este intrigante Tunick, es un producto de nuestro tiempo, un hombre aún joven dedicado a hacer instalaciones con casi todos los desvestidos de la Tierra. Casi todos es un decir: 40 mil los cuerpos desnudos apareciendo en muy distintos escenarios urbanos de los siete continentes. Ahora ha lanzado en México su convocatoria para el 2005 (spencertunick.com/signup.php), y sus representantes están en pláticas con museos y autoridades para hacerle una exposición. ¿Qué persigue este hombre cuyo look adolescente dista mucho de los impecablemente desaliñados atuendos de las estrellitas del arte globalizado? ¿Qué busca un tipo nacido en 1967 –blanda cara amable, cabellitos negros, cuerpo regordete y ojos evasivos– cuyos héroes son los artistas de los nuevos medios, según me dijo en mayo pasado durante su visita a la Ciudad de México? Una viaje de dos días a lo largo y ancho de la web me ha permitido obtener una radiografía de este instalacionista que lo mismo es descrito, ya se dijo arriba, como fenómeno mediático, creador revolucionario de un nuevo panorama visual y una democrática filosofía libertaria, reinventor del naturalismo, publicista avezado, gran artista contemporáneo, involuntario propiciador de ejercicios onanistas o manipulador ideológico y estético.

Su “Declaración” o Statement de 1997 como artista parece ingenua y no lo es. Más bien resulta tremendamente eficaz en términos de imagen: “A veces me siento como un explorador. A veces me siento como un criminal. A veces siento que soy un artista. Creo mi propio mundo bajo condiciones muy estresantes mientras una gran cantidad de obra es realizada por artistas contemporáneos. Siento que mis desnudos no son polémicos. La controversia radica en el hecho de que estoy usando la ciudad como mi paisaje. Las condiciones en que he hecho mi trabajo son tensas, enloquecidas e impredecibles. Mis modelos son aventureros modernos. Los ayudo a ver el mundo de una forma diferente”. Toda una mística de martini de La Condesa con boy scouts cuarentañeros y entusiastas (además de la cauda de jovencitos desnudos y libertarios), audacias light de consumo urbano y masivo realizadas por un Rimbaud del cemento, y, claro, el estrés como marca de origen del arriesgado homo sapiens del siglo XXI.

II: ¿ES ESTO ARTE?
“¿Es esto arte? Yo no clamo que sea arte bueno o malo. Sólo digo que es arte”, reflexiona Tunick. Pero es difícil saberlo. El arte actual tiende a la intervención sociológica y a la investigación periodística matizadas por la filosofía, la semiótica, la etnografía, la micropolítica, los medios, el esoterismo, el diseño gráfico y la fotografía publicitaria, entre otras cosas, así que la pregunta recorre los foros de Internet al ser el arte, desde el siglo pasado, un valor de cambio conocido como la centuria del comercio. En Chile, donde cinco mil personas acudieron en 2002 al llamado de este moderno flautista de Hamelin ataviado con camisetotas grunge de color negro, un internauta dijo con cierta alegría histérica: “una ciudad en donde mil personas pueden bailar desnudas en las calles es una ciudad donde vale la pena vivir”. Y el celoso director de Artes Plásticas de la Universidad Católica de Santiago protestó contra la inclusión de Tunick en la Bienal de Sao Paulo por causar contaminación mediática e impedir la comprensión de la obra de los artistas locales que tienen formas más rigurosas de hacer arte. “El desnudo”, dijo”, no significa apertura sino marketing. Chile sigue siendo tan hipócrita como antes. No sólo los cuerpos están hechos bolas, también los conceptos”.

Más al sur, los argentinos fueron cómicamente prácticos: 1) un abogado de apellido Igounet presentó una demanda porque los modelos “se dejaron fotografiar y caminaron indecentemente con sus órganos bamboleantes y colgantes, fláccidos o erectos, sonrientes, irrespetuosos y desprejuiciados” y 2) un genio de la TV inventó un exitoso concurso de fantasías eróticas que atrajo patrocinios jugosos. Mientras esto ocurría en el traspatio latinoamericano, en Nueva York el crítico Jerry Saltz afirmó: “Es arte. No una simple aglomeración de cuerpos”. Hasta donde puede leerse en el Village Voice, Saltz es exigente e irónico, aunque se le acusa de alineado a lo actualmente políticamente correcto. Sin embargo, ¿quién dice que sanguinario y alineado son conceptos opuestos en este mundo elástico?

 
SPENCER TUNICK: Biennale de Lyon, 2006 (Cortesía I-20 Gallery, Nueva York)
 
III. VIVA LA GENTE: TUNICK DESTAPA LA COCA-COLA DEL SIGLO XXI
“¿Estás seguro de que esto es mejor que Disneylandia?”, pregunto a Rubén Bonet, escritor que considera un parque temático a MACO, la Feria de Arte Contemporáneo que entre el 12 y el 17 de mayo reunió cuarenta y tantas galerías internacionales para mostrar un poco de arte globalizado en México, el país invitado a la feria española de ARCO 2005. Bonet dice que sí. La percepción general de que la feria está desangelada lo motiva a explicar: “ésta es lo que es, un parque temático organizado para vender no propiamente arte sino los productos etiquetados como arte contemporáneo”. Él los califica –lejos de la ironía y la irritación que mueve a otros ante estos temas– como ocurrencias. “Es divertido. ¿Por qué no?”, pregunta. No lo había visto desde esta perspectiva.

Tunick lo llama introducir a la gente en la mentalidad contemporánea. Yo lo llamo destapar la Coca-Cola del siglo XXI –me refiero a ese ¡aaah! delicioso que sale de nuestras gargantas cuando el oscuro jarabe, cuyo sabor hemos anticipado-salivado, sale burbujeante de la botella. Es también dar una forma más sofisticada del himno a la alegría puesto en escena, durante años, por esta empresa refresquera con su publicidad en torno a las utopías colectivas de felicidad y comunicación espiritual. Con “productos etiquetados como arte contemporáneo”, Bonet se refiere a algo que todavía está por nacer y tomar su lugar en el mundo. Tunick, cuyo objetivo es “dignificar el cuerpo humano como obra de arte y celebrar la vida”, produjo imágenes únicas de la especie humana –seguramente ya son iconos con un sitio para la posteridad– pero se mediatizó y mercantilizó demasiado pronto, incluso para la velocidad del arte actual. Hay qué comparar el “viva la gente/ hay donde quiera que vas” con esta confesión de un afiebrado internauta sobre su participación en uno de los displays de Tunick: “En nuestra gloriosa desnudez fuimos pastoreados al corazón de la ciudad y, a una palabra suya, nos dejamos caer sobre el asfalto. Cinco mil caras de felicidad también cuentan”.

IV: “MI MEDIO TIENE PIES”
Spencer Tunick y su trabajo son únicos. Lo digo sin ironía. Y aunque su proyecto estético, el que se conoce en México, parece estancado, nos ha regalado magníficos retratos de la especie humana en todo su esplendor, un registro de la sensibilidad contemporánea y de la fragilidad del hombre ante su propia creación urbana. La frontera actual entre ambos es difusa, y por supuesto falta mucho para saber si estas instalaciones permanecerán como documentos fotográficos o como obra de arte para museos, según respondió Tunick al preguntarle cómo imaginaba su obra dentro de 50 años (le interesan los museos). El artista cambió el estudio por los espacios públicos para crear, en sus palabras, organismos vivos formados con cientos de cuerpos: “Mi medio tiene pies y eso lo hace muy temporal”. Y lo hizo en grande. Utiliza el cuerpo humano como el pintor sus óleos, pues, según ha dicho, así “los cuerpos se extienden en el paisaje como una sustancia y, sin revelar sexualidad, se convierten en abstracciones desafiando las nociones de desnudez y privacidad”. ¿Su objetivo? “Dignificar el cuerpo humano como obra de arte, celebrar la vida”. De acuerdo con el crítico Craig Mason, lo mejor de él son sus perturbadores retratos individuales, donde emplea una compleja narrativa invitando al espectador a crear una historia nada tranquilizadora, como la foto de una mujer japonesa con heridas autoinfligidas. Y, de acuerdo con Juan Francisco Echenique, sus obras refieren a un memento mori, a la vulnerabilidad del ser humano, tema del arte irónico y violento de la época actual. ¿Obra comercial contra obra artística?

Vale la pena insistir: Tunick está haciendo algo que ningún artista conceptual hizo antes. La intención principal del performance es provocar la participación del público, pero nadie había involucrado multitudes. “Es una experiencia física nueva el estar acostado, parado, entre dos mil o tres mil personas desnudas” –me dijo Tunick– “es un punto de vista nuevo, no está en ningún lado, puedes ver la idea en una revista, o en la televisión, pero participar...”. Él lo llama introducir a la gente en la mentalidad contemporánea. Sus modelos suelen interesarse en los fenómenos culturales, trátese de museos o buena música (1200 modelos fueron reclutados en un concierto de Phish), pero también acuden otro tipo de personas. “De otro modo haría fotos con 300 voluntarios y no más”, aclara. La pregunta es qué es lo grande aquí o, en todo caso, cuál aspecto de su quehacer le hace sombra a cuál: la intención estética o el hecho mediático. Proporcionar a 40 mil personas una vivencia que probablemente será la más interesante en sus vidas atosigadas por el desempleo global, las banales angustias del narcisismo rampante del siglo y el cambio profundo en las relaciones humanas. Tunick piensa que “la gente se deja fotografiar porque hay en el cuerpo una dosis de tensión y vulnerabilidad aflorando y combatiendo el mundo del cemento”. Los testimonios de Internet nunca hablan de ello, quizá porque un buen número está en sitios nudistas donde lo mismo se convoca a una expedición de ciclistas en cueros que a una manifestación ecologista ídem.

 
NewcastleGateshead, 2005
SPENCER TUNICK: NewcastleGateshead, 2005 (Cortesía I-20 Gallery, Nueva York)
 
V. VEN TUNICK, QUE TORREÓN ES UN EDÉN...
En un portal de la red se lee: “Tu trabajo es refrescante. Es un placer ver cuerpos ´reales´. Estoy cansada de las falsas imágenes pictóricas que prevalecen a lo largo de los print media. Emily”. Convincente, ¿no?, el problema es que en ese sitio todos los correos son idénticos al citado aunque con firmas siempre diferentes, o sea que esto está mejor organizado que los desfiles de la Coca-Cola. Las numerosas crónicas publicadas en los diarios de cada ciudad coinciden en dos puntos: la alegría libertaria y aséptica del desnudo colectivo sin morbo y el vínculo de auténtica humanidad que parece establecerse entre los participantes. “Yacer sin ropa sobre el concreto frío no es particularmente sexy. ¿Qué hacemos ahí? Divertirnos mucho con un montón de personas felices y desinhibidas. Quizá los voyeurs estén decepcionados porque este espectáculo de hectáreas y hectáreas de piel no cuadra con lo imaginado, pero en una época de déficit globalizado, recortes de empleo y destrucción ambiental necesitamos un poco de felicidad para mantenernos sanos”, escribió alguien.

En octubre de 2003, unas 450 jóvenes se desnudaron para Tunick en la Grand Central Station de Nueva York. Una escribió que la experiencia cambió su vida, pero el pensamiento (y aquí va un discreto ¡ajá!, ¡con que querías enamorarlos a todos, no te bastó con tu papá y con tu hermano menor!) al que dedicó más líneas fue: “¡Vaya show el que dimos a los trabajadores del metro!”. La obediencia de las masas también es única: “El espectáculo ordinario de una multitud en Montreal se metamorfoseó en un océano de piel. Curioso. Muchos exaltan la “libertad democrática” de quitarse la ropa pero, durante algunas horas, son esclavos de un señor que los compensa con una fotografía firmada. La crónica más contundente se refiere a un pueblito de Portugal: “La experiencia había terminado, la gente apenas regresaba de una vivencia eufórica. Había una especie de tristeza pero también felicidad. Todos reflexionaban sobre la enormidad de su aventura y sus pensamientos regresaban a las nociones de normalidad del resto de las personas. Ellos habían cambiado”, escribió un afiebrado español.

Si lo quisiera, este nuevo encantador del milenio podría fundar mañana mismo una secta, aprovechando la era de las religiones laicas que amalgaman métodos de productividad empresarial y creencias budistas y esotéricas. Una secta de encuerados sonrientes tolerando con gran ánimo los números rojos de la economía mundial. ¿Tunick podría ser un elegante émulo del chirriante y genial Dalí en lo que a mercadotecnia se refiere? Quizá. Ha captado el espíritu de los tiempos y lo capitaliza igual de bien. Sin explícitos rollos políticamente correctos –el color de la piel o la ecología, ampliamente utilizados como promoción (y sin autenticidad) por muchos artistas contemporáneos– ha superado en proyección mediática campañas como las de Benneton. Tal vez el hecho social sobrepase el hecho estético. Por lo pronto, en el periódico El siglo de Torreón, un periodista ha encontrado la manera de protestar contra la homofobia: “Hay qué solicitar que Spencer Tunick venga a tomar fotos”. Al artista le gustaría. Cuando hace un par de años inició su viaje por los siete continentes dijo: “Voy a usar la completa desnudez humana para experimentar la poesía de cada país como un lugar único”. No cabe duda, Spencer se la está pasando en grande.

 
 
CRÉDITOS.
 
Publicado en el semanario Día Siete, de El Universal. Junio 2005
Fotografías: I-20 Gallery
Si desea contactar a Magali Tercero:
  
regresar
 
ARTEVEN.COM